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El martes pasado, cuando concluyó su reclusión en la cárcel federal de Guaynabo, comenzó un proceso de nueve meses adicionales en el centro de rehabilitación la Santísima Trinidad, en Toa Alta.

Dos días después recibió un permiso especial para visitar las oficinas en Guaynabo de FIBA América -el brazo regional de la Federación Internacional de Baloncesto- donde compartió con el otrora presidente de la Federación de Puerto Rico y de la Liga Superior, Genaro “Tuto” Marchand y el periodista Chu García, quien está escribiendo su biografía.

También, luciendo risueño y entusiasmado, el exjugador de 48 años de edad conversó con El Nuevo Día.

¿Quién te ha apoyado en esta crisis?

Pues mis padres, mis hermanos, mis hijos, mi compañera Silvia, y un grupito que ha estado ahí: Tuto, Ángelo (Medina), (Ricardo) Carrillo, Chu, Yun Ramos, Jerome Mincy, Armandito Torres, Flor (Meléndez), Salvi Vilella… Muchos compañeros que aunque no estaban presentes, siempre me han hablado…

¿Algunos tuvieron la oportunidad de verte, cuando estabas en la cárcel?

No, no todos tuvieron la oportunidad. porque en la federal es un poquito tedioso para los que no son familiares… Chu García pasó por eso. Es muy tedioso el formato para la entrada de visitas.

Por ejemplo, te puedo decir que mi papá no me quería ver allí, pero yo tampoco quería hacerlo pasar por ese proceso. Mi mamá se atrevió a ir una vez y ya después le pedí que no fuera más… pero gracias a Dios fue un corto tiempo.

¿Qué esperas hacer ahora?

Mis planes concretos son emprender el camino más importante, que es la rehabilitación en cuanto a lo personal. Además, es muy importante también la parte del trabajo. Me cuesta mucho estar sin trabajo. Es muy difícil para mí, en esta etapa de mi vida, no tener una seguridad de mantenerme ocupado. Es bien difícil para cualquier ser humano, no solamente para mí. Pero en esta etapa de mi vida, lo más importante es seguir el tratamiento, que quiero culminar para seguir una vida normal y corriente como cualquier otro ser humano.

¿Se ha hablado algo ya acerca del trabajo que pudieras estar haciendo?

No, no se ha hablado. Esto tiene que ver tanto con las personas que me están ayudando como con la parte legal, que es la probatoria; la parte social, la que llaman una etapa de adaptación. En un principio tiene que ser bien rigurosa. No necesariamente es que vaya a serlo menos después: tengo cuatro largos años que tengo que cumplir con ellos.

¿Cómo fue la experiencia de la cárcel? ¿Te reconocieron? ¿Te aceptaron?

Bueno, dentro de lo desagradable que es entrar a una prisión, pues fue lo menos desagradable posible.

Siempre hay que hablar claro, el preso es como es. No solamente yo, sino que cualquier persona que vaya a la cárcel tiene su recibimiento. Un recibimiento un tanto jocoso, algo así como cuando entra un “rookie” a la cancha de baloncesto. Es el recibimiento que te dan, de vacilón, de mofarse en cierta forma… pero es una mofa más chabacana y de broma que de otra cosa… más que de intimidación.

Así fue mi entrada. Decían, “aquí viene Piculín”. Todo el mundo en la cárcel se preguntaba a qué unidad iba a entrar. Así que me tocó la unidad 3 a, la unidad más tranquila, allí dentro del Metropolitan Detention Center de Guaynabo.

Pero no fue fácil. La primera semana fue un poquito incómodo conseguir cama. Dos compañeros me dieron la mano, Richard Pérez y Luis Carrasquillo, dos muchachos de Mayagüez que estaban allí. Fui con ellos a su habitación. Tuve que hacer lo mismo que había hecho antes en un momento de mi carrera, dormir en el piso. Porque hay momentos en que no ha salido un viaje en el que supuestamente se van a llevar a algunos convictos, no surge el espacio y uno tiene que ir poco a poco, acomodándose.

Pero ya como a la semana y media me tocó ya coger una cama. Era algo normal, era algo adaptativo.

Y apareció una cama que tuviera tu tamaño.

Bueno, no apareció tan fácil (riendo). Hay unos protocolos que se tienen que tomar en consideración para pedir una cama, para pedir lo que se llama “una plancha”; que es una cama dura… las camas suelen ser de “esprines”, blandas.

Pero quiero dejar claro que, aunque es una prisión, allí se está muy bien. No hay nada de hacinamiento, para nada.

No es que estés supercómodo, pero estás bien.

¿Encontraste allí a gente que conocías?

Pues casualmente me encontré con un estudiante mío de mi primera escuela de baloncesto, de las clínicas de los años 88 o 90, por ahí. Me encontré con este joven que cogió unas clínicas conmigo en el antiguo Colegio Del Pilar.

Pero me encontré de todo, desde gente mayor que quizá conocía, hasta jóvenes como éste que te dije…

Luego me conseguí un compañero: decidimos los dos coger una habitación. Eso allí es por “seniority” también. El que ya está dentro de la celda elige con quién se quiere juntar. Pero esta vez me movieron a mí primero, un intercambio que él hizo, y pudimos los dos llegar a un acuerdo y coger una celda para los dos.

Era un muchacho llamado Chino, de La Perla, un muchacho bien callado, introvertido, pero un ser humano excelente, aunque también con muchos problemas.

Llevamos unas reglas que se suelen poner dentro de cada celda. Por ejemplo, orinar de pie no está permitido, por cuestión de aseo, del olor. Es una celda muy pequeña. Son cosas en las que a veces no pensamos los hombres en la vida diaria, pero en una celda sí se llevan esas reglas.

Cuando te arrestaron se dijo que no tenías para costearte un abogado. ¿Eso era así?

Sí, claro que sí.

¿A qué se debían los problemas económicos que tenías, hasta ese extremo?

Bueno, problemas económicos yo los llevo arrastrando por mucho tiempo: malas inversiones, divorcios caros -vamos a decirlo así-. Mucha mala inversión.

Pero no fue debido a las drogas.

No, yo no considero que fue debido a las drogas. Yo no me quedé, como decimos, pelao, por las drogas. No es tanta la enfermedad, como se habla. Bueno, no es tanta, pero sí hay que contar que hubo parte de eso también. Hubo momentos en que fue in crescendo.

Hacia la Disertación

¿Cuándo tú crees que comenzaron los problemas con las drogas?

El detonante, cuando comenzaron los problemas… Mi depresión bien grande comenzó más bien allá para el 2003. Empecé una depresión bien severa, por la que nunca pedí ayuda. Bien, bien severa.

Pero tú estabas activo todavía.

Sí, yo estaba activo. Yo cumplía con mi trabajo. Lo único que pasaba era que la droga yo no la utilizaba durante mi trabajo. Acuérdate que aquí jugamos, cuánto ¿tres meses, cuatro meses? Cinco meses como mucho. Pues en ese tiempo nunca llegué a utilizar ningún tipo de droga. Ahora, en el tiempo muerto, sí. Ahí fue un problema ya… bien difícil. Y no busqué ayuda… fue complicadito.

¿En parte debido a los problemas personales que tenías?

Sí, fueron muchos problemas. Mucho sube y baja. No pude controlar distintas situaciones. Muchas situaciones grandes mías que ya no pude controlar.

Obviamente, en toda tu carrera tú conociste a otros jugadores de baloncesto que tuvieron problemas de drogas.

Bueno sí, hubo muchos compañeros que yo sabía que tenían el mismo tipo de problema y básicamente no buscaron ayuda. Aunque hubo muchos que sí la buscaron.

Pero si de algo yo estoy claro es de que yo tuve una carrera que en gran medida estuvo libre de todo esto. Aunque en los últimos años sí acepto que, con los problemas encima…

Se fue notando bastante mi desinterés, no dentro del juego, sino del amor que sentía por el juego. Fíjate cómo va la cosa. Yo tenía que dar lo mejor de mí en mi parte profesional. Pero el desinterés se veía ya dentro de mí, de no ir a entrenar… ya yo estaba casi fuera.

Ya en un principio yo tenía los síntomas en el 99, de la depresión misma, no tanto ya de la droga. Eran los síntomas de la depresión causada por las preocupaciones. Ahí es que vengo y hago el negocio en Cayey, Patria. Y ahí es que el marullo empezó más grande con los problemas.

En el negocio, al principio, te fue bien.

Al negocio le fue muy bien. Pero yo no estaba ahí, me dedicaba más a jugar. Pero obviamente tampoco puedo echarle la culpa a nadie, porque si el negocio era mío, tenía que atenderlo yo o, si no, buscar las personas que estuvieran preparadas para hacerlo. Y no fue así.

Ese fue uno de los problemas…

Ese fue uno de los más grandes. Fue satisfactorio, porque yo siempre soñé con tener mi negocio propio, pero ya después ese marullo se creció bien fuerte.

No sé si habrá tenido relación con los problemas que pasaste, pero a veces las grandes estrellas del baloncesto u otros deportes, cuando son estrellas, tienen también a muchas personas que les protegen o les resuelven los problemas, y una vez termina la carrera se quedan sin esas personas.Yo en mi caso no tenía tanta gente que me resolviera los problemas. En mi casa, yo resolvía mis problemas dentro del núcleo familiar, a no ser que no fuera simplemente quien cuidara de la niña, ese tipo de cosas. Todo lo demás lo resolvíamos nosotros a menos que fuera mucho más allá.
No fue un caso de que al bajar tu nivel de vida después del retiro te desesperaras por regresar a ese nivel.

Yo tuve un nivel de vida propio mío… Sí, derroché dinero. Mucha gente, como se dice, que antes estuvo por ahí cerca, de momento se esfumó (ríe). Pero tengo que decir también que fueron decisiones mías, cosas que yo acepté, y tengo que aceptar la responsabilidad de todo.

Pasamos a tu incursión en la política. Se dice que Ferdinand (Pérez), el candidato a la alcaldía de San Juan por el PPD, fue quien te invitó a que aspiraras al Senado en las elecciones de 2008.

Yo siempre fui apolítico. Sabemos todos de qué afiliación política yo soy, que siempre ha sido buen puertorriqueño y buen patriota. Vamos a decirlo de esa manera.

Pero el acercamiento político viene porque… bueno, yo soy una persona que tiene mucho bagaje internacional, y pude captar muchas ideas de todos estos países que visité y hubo muchas cosas que pude conocer.

Y entiendo que Ferdinand vio eso en mí.

Pero considero que fue una decisión que tomé sin consultarla mucho. Ese fue el primer error, que no consulté. Quizá dentro de la depresión misma me apresuré, no diré poco, sino bastante. Y entonces tomé una mala decisión en un momento en que no medí cómo venían las consecuencias en ese año de elecciones.

¿Y por qué fue una mala decisión?

Por no saber nada de política. No porque fueran los políticos que fueran, sino por no saber.

Antes de tener este problema, en tu carrera, de joven, ¿fuiste un usuario ocasional de drogas? Lo pregunto porque en la NBA, por mucho tiempo, por ejemplo, la marihuana ni siquiera figuraba como una sustancia prohibida… así de extendido se supone que estaba su uso entre los jugadores.

No, yo no usaba la marihuana. De joven no la usé nunca. Sí llegué a probar la cocaína, pero salí de ella.

Las plantas de marihuana por las que te arrestan, entonces, fueron sencillamente un producto de tu esfuerzo por resolver los problemas económicos.

Sí, básicamente podemos decir que fue una medida económica. Yo no usaba esa sustancia. No la uso.

Una última pregunta: durante tu estadía en la cárcel, ¿hubo alguien que te dijera algo que te impactara, que te cambiara, que te ayudara?

Son muchas las anécdotas y muchos los comentarios… muchas las horas de conversación con muchos de ellos. Y tengo que decir que me compadezco de muchos de ellos…

Allí podrán estar tanto los culpables como los que no son culpables, pero por alguna razón están allí. Sin embargo, también tienen familias, tienen sentimientos… en algún momento de sus vidas tuvieron valores también. Y, por supuesto, son personas para tenerles uno un respeto, pero también para tener un sentimiento… estar allí no es fácil.

Para mí, a pesar de que fueron seis meses solamente… un mes solamente allí es difícil.

Solamente nosotros los que hemos estado allí -porque me tengo que incluir- lo sabemos.

En fin, fueron muchas y largas las horas de lectura, de reflexión… y de hablar con ellos. Muchas. Tanto jóvenes que están para la pena de muerte, como que llevan ya 20 años, como que tienen 23 años solamente y están allí.

Y no solo eso: pienso que son los problemas que está viviendo nuestra sociedad por lo que esas personas están allí. Escuché muchos cuentos… ¿Qué los lleva a delinquir? Uno ve cómo nuestro propio sistema los lleva a delinquir, por simplemente ellos ver cómo a su madre la sacan con sus cuatro hijos de su hogar por quizás no poder pagar la renta… hasta ese nivel es la cosa.

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Por loveo

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